Amores imposibles
Hace mucho tiempo, escribí en el anterior blog, hoy por desgracia desaparecido la declaración de amor más sincera y más cobarde que ha salido nunca de mi corazón. Sincera porque hablaba directamente mi corazón y cobarde porque esa declaración que devió de ser de viva voz a la persona implicada fue escrita y ella no se enteró hasta un día que en un ataque de coraje la copie en un documento y se la envié por correo.
Quizá, el destino ha querido que esa carta haya desaparecido, que esa declaración, indigna de ser escrita de esa forma y por ese medio, haya pasado a mejor gloria. Quizá fue el destino el que quiso que nunca encontrase el valor para hacerlo de otra forma. Quizá el destino ha querido que ella a día de hoy, no sea algo más que una amiga, que por desgracia para mi a día de hoy por las circunstancias de la vida y por mi extrema torpeza en la gestión y resolución de algunos aspectos de la vida no sea más que una persona con quien hablo, y cada vez menos 2, veces al año, por su cumpleaños y por el mío.
En aquella carta insinuaba que si alguna vez, tirando de tópicos, ha existido alguna que se pudiese llamar “la mujer de mi vida” fue ella y siguiendo con los tópicos, dejé escapar el tren de mi felicidad.
Hoy, como tantos otros días, he visto una serie que me gustaba hace años y que me sigue gustando a día de hoy, esa serie es JAG, va de abogados yankees donde los protagonistas principales son un él y una ella que están destinados a no estar juntos, por los miedos de uno, las indecisiones de la otra, el trabajo, las circunstancias de la vida…
Pues bien no sé si es el último episodio, porque no tengo controlada la serie, pero el caso es que les ofrecen las oportunidades de su vida (laboralmente hablando); Se pasan todo el episodio recordando momentos entre ellos dos…, los buenos, los felices, los dramáticos, los tristes, los duros…
Acaba el episodio citando estos dos en un bar de confianza de él a todos sus amigos-compañeros y a su actual jefe, para anunciarles el compromiso de boda de ellos dos, pero eso sí, como las ofertas laborales les separan nada más que 9000 kilometros, uno de los dos debe de abandonar su carrera profesional. Lo echan a cara o cruz nos dejan con la intriga de que pasará y se acaba.
Ese espisodio ha removido en mi interior lo que he escrito antes, los recuerdos, la rabia contenida de no haber estado a la altura, en fín todo lo dicho.