Tal Día Como Hoy… (22/04/1894)
La revista semanal Gran Vía Publicaba la siguiente cita:
CRÍTICOS AL USO
Casi todos los españoles nacen morenos y además críticos.
Aun no se ha dado el caso de que diga un redactor de periódico al dueño del mismo:
—Mire usted; yo vengo aquí á redactar todo lo que se me mande, pero conste que no sirvo para crítico.
Al revés; yo tuve un compañero de redacción , hace años, que acabado de llegar de su pueblo, traía un chaqué color de aceituna pálida y unos pantalones rayados, y unas botas de pico de loro que provocaban á la risa. Era un verdadero señorito rural, sin pizca de mundo, ajeno á toda cultura, y que no había visto más cernióos que uno en su pueblo, en época de ferias. Pues bien, al día siguiente de su entrada en el periódico, el señorito pidió los billetes de no sé que teatro, y de vuelta en la redacción, escribió un suelto que decía poco más ó menos:
«Es verdaderamente desconsolador el estado actual de nuestros coliseos. No hay autores, no hay actores, no hay público, no hay nada más que plagio en los unos, adocenamiento en los otros, y falta de cultura en todos.»
En fin, que nos quedamos sorprendidos los demás redactores al ver tanta audacia, y el señorito adquirió desde aquel punto y hora fama de critico severo, á pesar de su falta de seguridad en el empleo de las haches.
Lo natural sería que los críticos conocieran bien la gramática, por de pronto, y después, que se dedicaran á estudiar el teatio desde sus primeros tiempos. Pues no, señor, nada de esto es necesario para escribir críticas dramáticas en esta tierra.
Así es que reina un apreciable desbarajuste entre los encargados de difundir la cultura y de criticar las obras; y mientras hay críticos que señalan graves defectos en un actor, y piden para él poco menos que la muerte en garrote vil, otros le colocan á la diestra de Dios Padre Todopoderoso.
No es, pues, raro ver al día siguiente
de una primera representación, sueltos tan parecidos entre sí, como éstos:
«El Sr. Ronquete ha tenido momentos de verdadera inspiración artística; sobre todo cuando le van á decir que es hijo nattr; de un cura protestante y de una titiritera. Entonces rayó á una altura verdaderamente asombrosa.»
«¿Qué diremos del Sr. Ronquete? Jamás le hemos visto más desacertado que anoche, sobre todo cuando le van á decir que es hijo del amor y de la casualidad. Entonces dio señaladas pruebas de que no le llama Dios por el camino del arte.»
Los críticos suelen ser hombres también; y algunos hasta se enamoran. Yo conocí uno que asistía todas las noches á un teatro de cuarta clase, no por la función, sino por la aguadora, hermosa morena, capaz de derretir un azucarrillo con el fuego de su mirada. El teatro no podía ser peor, y en cuanto á los cómicos parecían perros; pero el crítico dispensaba su protección á aquel «establecimiento», y escribía ditirambos del tenor siguiente:
«En el elegante coliseo de *** se estrenó anoche una obra en un acto, que hará época en la historia de los grandes éxitos; titúlase El Municipal y la Poetisa, y el autor, D. Fulanito Currinche, fue llamado á escena entre frenéticos y atronadores aplausos. La acción se . desarrolla en la alcaldía del distrito del Hospital, y está escrita en versos fáciles, salpicados de chistes ingeniosos. El Sr. Melón, encargado del papel de protagonista, dijo toda su parte con verdadero amore, asi como la señorita Camarón, que es una «estrella» rutilante del género cómico-lírico. En su papel de poetisa supo colocarse á gran altura, emulando las glorias de la India. Todos los que tomaron parte en la nueva producción meracen nuestra más ardiente enhorabuena, sin olvidar al traspunte señor Palmatoria, que es un consumado artista y un hijo cariñoso, que mantiene á su madre sexagenaria y huérfana.»
«También debemos hacer mención del puesto de agua, sito en el piso principal del teatro, donde se expenden los ricos caramelos y los acreditados polvorones de Sevilla, por la inspirada primera aguadora señorita doña Concha Telderete.»
Este mismo joven crítico escribió en cierta ocasión un artículo de columna y media, para decir todo género de picardías de una obra estrenada con gran éxito en un teatro de primer orden.
—¿No te ha gustado la obra?—le preguntaban al día siguiente.
—Todo lo contrario.; me gusta mucho.
—Entonces, ¿por qué te ensañas con el autor?
—¡Pchs! Porque no me ha mandado butaca Conque ya saben ustedes cómo las gastan los «críticos al uso».
Escrito por Luis Taboada